Era el año 1.968 cuando yo empecé a trabajar, con mis jóvenes veinticinco años, con mi recien obtenido título de Perito Industrial otorgado y rubricado por su Exceléncia el Generalísimo Franco, y como colofón, colgado en el armario, mi uniforme de Sargento del ejército español, una vez cumplimentados mis diez meses de Milicias Universitarias en los campamentos de Los Castillejos y de Talarn.
En definitiva todo a punto para empezar mi guerra, una guerra a la que di comienzo con la sana intención de ganarla, y aún en la seguridad de que así sería, al poco tiempo tuve que irme enfrentando a situaciones que presagiaban malos augurios.
Sin saber como, un buen dia me encontré sentado en un Juzgado de Magistratura del Trabajo, delante de un Juez y dos abogados, los tres vestidos con sus togas, fuera en la puerta, recuerdo que estábamos en el año 1.968, dos grises, uno a cada lado, supongo que por si se daba algún altercado.
Les aseguro a los que me están leyendo, que yo en aquel momento, un empresario que como mucho, lleguá a tener 15 o 20 operarios en mi taller, ni podía ni tenia ánimos para prestar demasiada atención a lo que se decía en el juicio, ni por parte de los abogados, ni por parte del Sr. Juez, lo único que mi cabeza acertaba a pensar y que me decia a mi mismo era "¿ Que coño haces tu aquí sentado?
Eran situaciones de aquellas que luego las comentabas, entre amigos, o en el Gremio, en reuniones de trabajo, obteniendo como respuesta el comentario habitual, no te preocupes, en este país las cosas pronto darán un cambio, ya verás como en poco tiempo todo nos dará un giro de 90º.
Efectivamente, a los pocos años y por ley de vida, pasó lo que un dia u otro tenia que pasar, y en consequéncia, a este país nuestro, con una agilidad y rapidez inusitadas, le dimos la vuelta como a un calzetin, a veces pìenso que con demasiada rapidez, las prisas no siempre son buenas.
Resumiendo, al poco tiempo empezamos a pagar impuestos, las parejas se divorciaban, se podia practicar la religión que uno libremente escogía, nada de censuras, libertad de prensa, libertad de expresión, todos podíamos defender libremente nuestropensamiento, todo en este país cambió, todo menos una cosa, el tema laboral transcurridos casi cincuenta años, sigue ahí, igual y con la mayoria de sus problemas pendientes de resolver, y así nos van las cosas, es nuestro principal problema, el de mas urgente y acuciante solución.
En ocasiones todavia paso por delante del antiguo edificio de Magistratura del Trabajo, sigue en el mismo lugar, pero vacío, con las puertas y las ventanas cerradas, al parecer han trasladado las dependèncias, a un edificio de nueva construcción anexo a la Ciudad de la Justicia, todavia no he ido a verlo, francamente no se si merece la pena, queda lejos del centro de Barcelona y por otra parte adivino lo que veré, mucha actividad, mucho tránsito de personas que entran y salen, policía, conserjes, y una vez dentro, imagino que todo el personal propio de un juzgado, tampoco sería de extrañar, coincidir con la presencia de algún mini-empresario sentado en el banquillo.
En una ocasión, hace unos año, tuve la oportunidad de leer una entrevista que le hacian a un conocido dirigente sindical, en la cual este decia "en según que tipo de empresas podríamos contemplar la posibilidad de desjuicializar la interrupción por parte de la empresa de un contrato laboral".
Es evidente que esta es una medida a contemplar, solo hay que negociarla, ¿de que empresas hablamos? de las de 500 obreros, de las de 200, de las de 50, son muchos los temas a negociar, y con todos ellos encima de la mesa, diria que hay suficiente margen de maniobra para que se pueda encontrar una buena salidaa la mayoria de aspectos pendientes de resolver.
Josep mª Carbonell i Vilaró
jmcarbonellv@hotmail.com
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